Leemos porque sí

La belleza y el terror de nuestra historia

Vals chilote, la nueva novela de la escritora Yosa Vidal se hace cargo, y a muy buen ritmo, del fracaso, de la oscuridad. Y lo hace con un humor tan valiente que vemos las fisuras en todas partes, que nos hace recordar de qué estamos construidos, que nos hace fantasear al mismo tiempo que caer profundo, en una historia, de la que hoy, todavía no encontramos la salida.

 Por Alejandra Moffat

 

En Vals chilote hay informes desde la resistencia escritos a máquina y entregados clandestinamente a una radio de la isla dedicada a las noticias, a los avisos de eventos, a los programas románticos. Todos conocen esa casa vieja en la que se comunican a través de una campana, y se suben y bajan escaleras todo el tiempo. En Vals chilote hay también estudiantes cargados de explosivos y malos poemas, y personajes que se acusan mutuamente de güeones, que a ratos se sienten güeones o que se asumen como tal. Porque ser güeón también es ser un poco ingenuo. Un poco frágil. Un poco ridículo. Un poquito torpe. Un poco, poco avispado. Un poco humano y poco heroico. Un poco desde el caos. Desde la casualidad. Desde una historia que no está contada desde la solemnidad y la gloria, desde los parámetros que alguien estableció para el bien y el mal, sino desde los detalles que a veces son puntos de fugas que nos hacen reír, que nos hacen mirar con ternura un cenicero con forma de concha, que nos distraen en el gesto infantil de un balanceo de silla.

En Vals chilote las cortinas se deshacen al correrlas y dejan entrar la luz porque todo lo aparentemente firme, lo que detiene las entradas de las cosas, lo que impide ser descubierto en una clandestinidad elegida, está a punto de esfumarse. El golpeteo de unos palillos que dan realidad a una escena de tortura. –Y no me llames mamita si me vas a decir todas esas mierdas– le dice una madre a su hijo. Pudores livianos, escribe Yosa Vidal, más emparentados con la ternura que con la vergüenza. Los personajes de esta novela no salen corriendo si no que aprietan cachete.

En Vals chilote hay distintos niveles para la sospecha, el miedo, el dolor y la rudeza. Si los torturadores pueden ser gordos se preguntan dos hombres mientras uno que esta cagado de susto asegura que sí, que el poder de una persona no tiene que ver con el estado físico, que el que manda a torturar, que el que manda a interrogar y desaparecer no tiene porque ser atleta.

Mujeres que piensan en travesuras y hombres que, en cambio, les ofrecen empanadas fritas e irse cada quien para su casa temprano. –A un chilote no le puede picar la lana, piensa alguien con el gorro bien puesto mientras le pica la cabeza y su vida depende de pasar desapercibido mientras camina por la isla.

Lo terrible de imaginar la tortura de alguien amado, imaginar nunca más volverlo a ver. Imaginar ese vacío, ese silencio que es un golpeteo infinito mientras se tiene que seguir con la vida o mientras la vida nos enseña que nada se detiene con nuestro dolor, con nuestros desaparecidos.  Una escena con un militar arriba de un caballo por un camino de tierra y lluvioso, que parece una hermosa acuarela, una escena que nos acerca a la belleza y el terror.

Recuerdos de jumpers con un extra doblez y corcheteados aunque la lluvia cayera a chorros. Una apuesta donde la muerte ya está instalada que incluye paltas traídas desde Santiago.

Quizás al contar sus dolores evidencian su ingenuidad, la fragilidad, el ridículo en esa exposición- reflexiona un personaje de Yosa Vidal.  Y eso me pasó al leer la novela, me conmovió porque sentí la fragilidad de los personajes, pero al mismo tiempo de nuestra historia. Y aunque en muchas partes de la novela reí a carcajadas, un dolor se iba quedando dentro de mi, un dolor de los fracasos, de las soledades, de las traiciones.

Honrar nuestra historia rodeada de horror y de detalles tiernos. De ingenuidades, de buenas intenciones, algunas que llegan a puerto y otras que terminan en muertes. En esta novela no hay héroes y eso me encanta. Porque Vals chilote también se hace cargo, y a muy buen ritmo, del fracaso, de la oscuridad. Y lo hace con un humor tan valiente que vemos las fisuras en todas partes, que nos hace recordar de qué estamos construidos, que nos hace fantasear al mismo tiempo que caer profundo, en una historia, de la que hoy, todavía no encontramos la salida.

Personajes con tantos detalles y que siempre sorprenden en sus diálogos con forma de puntas de flecha, rodeados de un tiempo calmo. Un tiempo sureño que atraviesa las escenas de acción. Me devoré la novela y tengo tantas preguntas para Yosa, cómo escribió la novela, cómo encontró ese tono tan hermoso, dónde se inspiró, qué le costó más, ¿se perdió en algún momento de la escritura?, ¿cómo se encausó de nuevo?, ¿qué piensa de la divagación?, ¿del dolor? ¿hubo versiones muy distintas? En fin. Pero bueno, supongo que de a poco iré sabiendo las respuestas.  Termino este texto con algo escrito por  Yosa: El arma más poderosa de hacer la guerra es la posibilidad de desaparecer.

 

Puedes encontrar Vals chilote aquí. 

ISBN: 9789562892933
N° Edición: 1
N° páginas: 210 
Año: 2022
Tamaño en cms.: 11 x 17 
Tipo de edición: Rústica
Editorial: Fondo de Cultura Económica

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