Leemos porque sí

Érase una vez un cómic sobre Nieve, Cristal y Manzanas

“No voy a gritar. No voy a darles esa satisfacción. Tendrán mi cuerpo, pero mi alma y mi historia morirán conmigo… Pienso en su pelo, negro como el carbón… sus labios, más rojos que la sangre… y su piel, blanca como la nieve”.

Por Antonio Muñoz y Ángel Muñoz
Edición Camila Aliaga

Había una vez, una incomprendida reina que buscaba proteger su feudo de un monstruo que acechaba en las entrañas del bosque más cercano. De joven, cuando aún no era monarca, paseaba tranquilamente por los alrededores de su humilde casa cuando un apuesto rey, de barbas y cabellos rojizos como el bronce, apareció frente a ella montado en un hermoso corcel blanco.  El amor entre ellos surgió al instante, como lo que tarda un parpadeo en efectuarse. Fueron juntos al castillo y vivieron felices… al menos por un tiempo.

El rey tenía una hija cuya madre murió al darla a luz. Era una niña de no más de cinco años, pálida, de ojos negros como el carbón y labios rojos como la sangre. La pequeña, su nueva madrastra y el rey convivían en paz y tranquilidad. Hasta que una noche, la nueva reina recibió una visita inesperada en sus aposentos. Se trataba de un ser de apariencia tierna e inocente, pero de corazón negro y de naturaleza malvada. Su presencia la puso nerviosa y sintió pavor. Cuando le preguntó qué hacía allí, la criatura respondió: “tengo hambre”.

El encuentro la llenó de terror y entendió que, de ahora en adelante, sus pasos por las estancias del castillo debían ser cautelosos. Al cabo de una temporada, el rey murió de aparentes causas naturales, pero su cuerpo tenía las marcas del origen de su repentino fallecimiento. Tras la tragedia, la reina quedó como única soberana.

Conociendo al monstruo responsable de lo sucedido, ordenó que la criatura fuese encontrada, capturada e internada en el bosque, donde le arrancaron el corazón del pecho y lo llevaron de regreso a su presencia. Rojo y cubierto de sangre, el órgano aún latía sobre la palma de la mano de la reina. Mandó que fuese colgado de un hilo en los aposentos reales para ser vigilado noche y día. ¿Habría muerto realmente el engendro o los males que acechaban al reino se multiplicarían? Enanos, criaturas fantásticas y príncipes con repugnantes gustos sexuales, marcarían el destino de una monarca y sus intentos por liberarse de un mal que se negaba a morir.

Esta genial reimaginación por parte de Neil Gaiman (Sandman, Los Libros de la Magia) del cuento de Blancanieves cambia radicalmente su perspectiva clásica, utilizando un tono mucho más oscuro y adulto. La obra transforma el cuento de hadas en una historia de terror, donde las piezas de la narración original son perceptibles y encajan a la perfección con el punto de vista de la madrastra de Blancanieves. En esta versión cubierta de sangre, sexo y violencia, quienes antes eran malvados, ahora son héroes, y quienes eran inocentes, son monstruos escalofriantes.

 

La idea original de este relato fue publicada como una historia corta bajo el título "Snow, Glass, Apples" en el año 1994. Décadas después, en 2019, fue adaptada a formato cómic por la dibujante y guionista Colleen Doran (El Puente del Trol, Morrison Hotel). Sus trazos, colores, la forma de planificación de las páginas y composición de las viñetas nos recuerdan a amplios vitrales, muy representativos de la arquitectura gótica. Y es que la corriente artística “Art Nouveau”, que toma recursos estéticos del gótico, de la naturaleza y de los avances derivados de la revolución industrial, es una de sus grandes inspiraciones. Además, reconoce ser una gran admiradora de la obra del ilustrador Harry Clarke (1889-1931), una de las figuras más sobresalientes de aquella época en el arte. Para esta edición, la autora dedicó interesantes notas y bocetos al final del tebeo sobre su trabajo de adaptación de la novela original.

Ilustración de Harry Clarke, uno de los artistas de mayor influencia en la carrera de Colleen Doran.

Nieve, Cristal, Manzanas (2021), de la editorial Planeta Cómics está disponible en nuestra librería Gonzalo Rojas, ubicada en Paseo Bulnes 152, Metro Moneda.

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