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Opinión: Un desafío para Chile y el mundo

SANTIAGO, Chile — En octubre, un aumento en las tarifas del metro de Santiago desencadenó las mayores protestas realizadas en Chile desde que terminó la dictadura de Augusto Pinochet. Los manifestantes denunciaban la corrupción de los poderosos, la flagrante desigualdad entre ricos y pobres, los altos precios, los bajos sueldos y, específicamente, las penurias causadas por un sistema de pensiones privatizado que ha dejado a muchos ancianos en una pobreza devastadora.

La pregunta esencial que ronda a Chile es la misma que enfrentan muchas otras naciones en la actualidad: ¿Pueden las exigencias de un movimiento masivo de ciudadanos descontentos y radicalizados, la mayoría de ellos jóvenes, impacientes y expertos en redes sociales, ser canalizadas y resueltas por una élite política que, hasta ahora, se ha mostrado ciega a las necesidades de la enorme mayoría de su población?...

 

Lectura completa en New York Times

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